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La revocatoria de un fallo clave por parte del Primer Tribunal de Apelaciones reabre un expediente marcado por señalamientos de irregularidades, demoras procesales y dudas sobre la imparcialidad judicial.
Ciudad de Panamá — Lo que inició en 2019 como una investigación contra un empresario mexicano, hoy se ha transformado en uno de los casos más controvertidos del sistema judicial panameño, acumulando cuestionamientos que abarcan desde la actuación de la fiscalía hasta recientes decisiones adoptadas en instancias superiores.
Seis años después del inicio de la investigación, el proceso continúa sin una imputación formal de cargos, un hecho que, por sí solo, ya genera preocupación dentro de sectores jurídicos por su impacto en el debido proceso, la seguridad jurídica y las garantías fundamentales.
La investigación ha permanecido a cargo de la fiscal Sandy Cedeño, en medio de señalamientos públicos sobre presuntas irregularidades en el manejo del caso, incluyendo cuestionamientos sobre la administración de bienes y actuaciones procesales.
Las tensiones dentro del proceso alcanzaron un punto crítico con la decisión adoptada por la jueza de garantías Kerine Jaén, quien dispuso el levantamiento de las medidas cautelares que pesaban dentro de la causa, en lo que fue interpretado como un giro sustancial en el desarrollo del proceso.
Sin embargo, dicha decisión fue posteriormente revocada por el Primer Tribunal de Apelaciones, alterando nuevamente el curso del caso y generando una nueva ola de cuestionamientos sobre los fundamentos que motivaron este cambio de criterio.
La controversia se intensifica debido a la participación del magistrado Raúl Urriola Caballero en dicha revocatoria. Su nombre no es ajeno al escrutinio público. En 2021, ya había sido objeto de debate mediático tras conocerse su vínculo de hermandad con el fiscal antidrogas Leonel Urriola Caballero, en un contexto que generó cuestionamientos sobre la apariencia de imparcialidad dentro del sistema de administración de justicia.
Aunque en su momento las autoridades defendieron la legalidad de las actuaciones, el episodio dejó abierta una discusión que hoy vuelve a cobrar vigencia: la justicia no solo debe ser imparcial, sino también parecerlo.
En este nuevo escenario, la coincidencia de múltiples factores ha elevado la preocupación entre observadores: una investigación que se extiende por más de seis años sin cargos formales, denuncias públicas sobre la actuación de fiscales, decisiones judiciales que modifican criterios previamente establecidos y la participación de funcionarios que han estado previamente vinculados a controversias sobre posibles conflictos de interés.
Más allá de los aspectos técnicos del caso, lo que hoy se encuentra en juego es la confianza pública en el sistema judicial panameño. Expertos coinciden en que la legitimidad de la justicia no se construye únicamente sobre resoluciones legales, sino sobre la certeza de que estas se adoptan bajo estándares incuestionables de independencia, transparencia y objetividad.
El caso se perfila así como un punto de inflexión en el debate nacional sobre el funcionamiento del sistema penal, planteando interrogantes que trascienden un expediente en particular: ¿hasta dónde puede extenderse una investigación sin imputación?, ¿qué controles existen para evitar procesos indefinidos?, y ¿cómo se garantiza que las decisiones judiciales estén libres de cualquier duda razonable sobre su imparcialidad?
Mientras estas preguntas permanecen sin respuesta, el caso continúa avanzando, dejando a su paso una creciente preocupación sobre el estado de la justicia y el equilibrio entre poder, legalidad y derechos fundamentales en Panamá.

Comunicado enviado por el equipo Legal y la Licda Ana Belfon.